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De los educadores cubanos, un homenaje a Fidel y su impronta


A la Mesa Redonda, espacio que concibió para devolverle a la Patria un niño secuestrado y arma con la cual sumó victorias a la Batalla de Ideas, regresó Fidel este miércoles, ahora en el testimonio agradecido de destacados pedagogos, que hablaron de su impronta en la educación cubana.Fue el de hoy el primero de dos programas que con ese tema rinde homenaje, en su ya cercano cumpleaños 90, a quien es el artífice de la gigantesca obra educacional, que constituye una de las mayores conquistas de la Revolución Cubana.El espacio radiotelevisado juntó para la ocasión a hombres y mujeres, que muy jóvenes, casi niños, supieron empinarse y, convocados por el Comandante en Jefe, se fueron a recónditos lugares a alfabetizar, o se hicieron maestros en la legendaria en Minas del Frío y Topes de Collantes, o fundaron el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech.La doctora Lesbia Cánovas, presidenta de honor de la Asociación de Pedagogos de Cuba, se refirió a aquella cruzada de luz que en 1961 erradicó el analfabetismo de esta tierra, y de los inolvidables “makarenkos” habló el Héroe del Trabajo como Rolando Beltrán, que lleva más de cuatro décadas al frente del internado de primaria Abel Santamaría, en Santiago de Cuba.Y hubo más: la actual directora de la escuela pedagógica Tania La Guerrillera, en Pinar del Río recordó los primeros programas para formar maestros primarios y educadoras de círculos infantiles, y la historia del “Manuel Ascunce Domenech” tocó contarla a Aurelio Quintana, integrante del primer contingente del Destacamento y hoy profesor de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona.Todos, sin excepción, aludieron a la belleza de aquellos años fundacionales, duros, sí, y difíciles, porque entonces todo estaba por hacer, pero extraordinarios e imborrables y en los cuales, como siempre, la juventud cubana respondió al llamado de la Patria y correspondió a la infinita confianza del Comandante en Jefe.Cada uno de esos revolucionarios programas es parte de la impronta de Fidel, hijo de su visión del maestro como piedra angular de la educación, y una respuesta concreta a un momento singular, cuando Cuba urgía de una gran masa de profesores para enfrentar la explosión demográfica y de matrícula, y asegurar la continuidad de estudios, explicó la doctora Cánovas.Ahí, como en todo lo que vino después y continúa ahora, esta su obra, la que pensó desde su histórico alegato en el juicio por los sucesos de 26 de julio de 1953, y que impulsó a partir del triunfo de la Revolución, destacó.Es que, digno discípulo de Martí como es, para Fidel la educación es un poderosísimo instrumento de transformación, el camino hacia la libertad, la dignidad, la justicia y la equidad plenas, añadió la Presidenta de Honor de la Asociación de Pedagogos de Cuba.

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UN NUEVO ACERCAMIENTO A LA HISTORIA


morrillo

El Radio Club Municipal de Matanzas convoca a una expedición a El Morrillo, el próximo sábado 14 de mayo. Según informa Mijaíl Guerra (CM5GPS).

Partiendo de las experiencias acumuladas por el Grupo de Expediciones y Concursos durante el proceso de obtención del  Certificado “Octavo Congreso”, donde Maikel Sanfiel (CO5MK), Lorenzo Torres (CM5MG), Santiago Díaz (CL5SD) y Aramís González (CL5AGP), realizaron una expedición para activar el municipio de Limonar y otra con el mismo fin, por el propio Maikel Sanfiel (CO5MK) a la Ciénaga de Zapata, así como la expedición que organizó el Grupo a Ibarra, lugar histórico que recuerda el malogrado alzamiento del 24 de febrero de 1895 en Matanzas, se planifica ahora otra expedición en la que se combinarán: una excursión de radioaficionados con sus familiares a El Morrillo, con un recorrido y conversatorio sobre el acervo cultural e histórico que encierra el Museo allí existente.

Generalmente al hablar de El Morrillo se piensa en un asentamiento que guarda alguna historia del tiempo colonial, y así es, pero además, un hecho de trascendencia en la vida de la nación ocurrió en este lugar: la caída de Antonio Guiteras Holmes junto a Carlos Aponte, el 8 de mayo de 1935.

Antonio Guiteras representa al más puro luchador antiimperialista. Su acción fue múltiple y su vida multifacética;  Ministro de Gobernación durante el Gobierno de los Cien Días, expropió la Empresa Eléctrica norteamericana a punta de decreto y pistola; promulgó el salario mínimo; la jornada laboral de ocho horas y nombró a las primeras mujeres alcaldesas en América Latina.

Antonio Guiteras fue un hombre de la Revolución y, al decir de Pablo de la Torriente Brau, “…tuvo, arrastrado por su fiebre, el impulso de hacerlo todo. E hizo más que miles… Irradiaba calor. Era como un imán de hombres…”. Solo tenía 28 años en el momento de su muerte. Junto a él, también cayó un gran luchador antiimperialista, el venezolano Carlos Aponte, que además compartiera los sueños de Sandino en Las Segovias y viniera a Cuba, a acompañar en sus luchas y en su muerte al amigo querido Antonio Guiteras.

Además de este encuentro con la historia se llevará a cabo una actividad conjunta con la Cruz Roja, donde se expondrá una acción de salvamento en las aguas próximas al asentamiento, con su correspondiente clase práctica y paralelo a ello las trasmisiones en HF y VHF, las que estarán en función del Ejercicio Meteoro 2016.

En el caso de las trasmisiones en VHF, se tratará de utilizar antenas portables lo más potentes posibles, pues El Morrillo está ubicado en una zona baja donde la propagación es difícil. En el caso de HF se instalarán por lo menos dos equipos y se trasmitirá en 40 metros, preferentemente por los segmentos de banda a que pueden acceder los CL.

La salida de la expedición se programa a las 7:00 a.m. y el regreso será a las 4:30 p.m., aunque las trasmisiones se enmarcan en el horario de 8:00 a 12:00 meridiano. El resto del tiempo será para disfrute entre colegas y sus familiares.

Aramís González del Pino (CM5AGP)
Colaborador Sistema Informativo FRC
Filial Matanzas

Origen: UN NUEVO ACERCAMIENTO A LA HISTORIA

#TodosMarchamos por #Cuba


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La muerte de El Mayor: ¿causas y azares?


El amanecer del 11 de mayo de 1873 sorprendió a Ignacio Agramonte mientras precisaba con sus jefes de unidades las misiones que cada quien debía cumplir en el combate que se avizoraba inminente. Poco debió haber dormido, ocupado en atender los informes de los exploradores enviados a comprobar la certeza de noticias recibidas sobre la cercanía de una fuerte columna enemiga con unos mil hombres de las tres armas – infantería, caballería y artillería – enviada en su persecución desde Puerto Príncipe por el general de brigada Valeriano Weyler, jefe interino del Departamento Central, deseoso de vengar las derrotas sufridas pocos días antes en fuerte Molina y Cocal del Olimpo.

No debió estar entre sus planes combatir en los próximos días pues debía avanzar hacia Las Tunas donde se preveía un encuentro con jefes orientales. Incluso la noche anterior había sido festiva pues la oficialidad de la infantería de Caonao había ofrecido a la villareña una “cena mambisa” a la cual puso término los informes recibidos. Poco después Agramonte tuvo que tomar la primera de las decisiones adoptadas en las horas que se tornarían las últimas de su vida. Debió elegir entre esquivar el combate en aras de concurrir a la cita mencionada o aceptarlo con la intención, no de destrozar la columna enemiga que venía en busca del desquite, sino de castigarla lo suficiente para impedir continuase en su persecución.

Decidido por la segunda opción, concibió cuidadosamente una idea del combate basada tanto en el conocimiento de las posibilidades del terreno como de la acometividad propia de la caballería española. Sus fuerzas, compuestas por unos quinientos sesenta efectivos de infantería y caballería, habían aprovechado el botín capturado en los combates recientes aunque el parque fuese escaso, lo que no constituía un imprevisto para los cubanos.

Sucintamente el plan consistía en provocar la vanguardia enemiga – generalmente de caballería – con una pequeña fuerza de jinetes cubanos que debía atraerlos en su persecución hacia el fondo del potrero de Jimaguayú, donde la infantería del Camagüey y Las Villas los detendría con su fuego, momento en que recibirían el ímpetu de una carga de la caballería camagüeyana por uno de los flancos y la retaguardia. Se trataba del clásico martillo mambi, una trampa cuya efectividad había sido mas que probada.

¿Qué sucedió entonces en las horas siguientes? El azar también tiene su espacio en una guerra. Nunca he olvidado la impresión que me causó visitar por primera vez el lugar que fue escenario de los acontecimientos sobre los que ahora escribo y en particular leer en la inscripción del obelisco erigido por los veteranos en 1928, que a la muerte de Agramonte la rodeaba un misterio guardado por un “silencio impenetrable”. ¿Cuántas personas al leer tal inscripción habrán pensado que en la caída de El Mayor pudieron concurrir circunstancias no muy claras? Súmese a ello que en algunos escritos sobre esta tragedia – que sin dudas lo fue, por demás una de las mayores en la larga lucha de nuestro pueblo por la libertad – se dice que fue solo una escaramuza en la que Agramonte, llevado por su impetuosidad, abandonó su puesto de general y tomó el de un soldado de filas o que fue víctima de una traición o de fuego amigo.

Puedo juzgar con dureza a quienes propalan versiones falsas de los hechos con el ánimo de confundir, pero puedo comprender a aquellos que anonadados por la terrible noticia no encontraron una explicación de lo sucedido y que a la vez los reconciliase con la dolorosa certeza de que Agramonte nunca mas los guiaría en el combate, que tampoco compartiría con ellos los escasos frutos que a su paso encontraban para saciar el hambre sempiterna, que nunca mas lo verían – discretamente apartados – censurar a un subordinado con aquel gesto de su mano que les hacía decir que El Mayor lo estaba salando, ni caminar rápidamente de un lado a otro, con las manos a sus espaldas, momento en que todos sabían pensaba en Amalia y respetaban su dolor. Es que los pueblos nunca encuentran un marco lo suficiente digno para la muerte de sus libertadores.

Ahora bien, mientras Agramonte disponía el combate ¿qué ocurría en las posiciones del enemigo? La columna bajo el mando del teniente coronel José Rodríguez de León había pernoctado en Cachaza, sitio ubicado a unas dos leguas de Jimaguayú, luego de recibir de sus avanzadillas el informe de la presencia allí de fuerzas cubanas. O sea, la exploración de ambos bandos había funcionado con eficiencia, pero ¿el factor emocional de las tropas y sus jefes habría tenido similar equilibrio? Mientras las fuerzas cubanas sentían la positiva carga de los éxitos logrados en los días precedentes, las tropas españolas que debieron estar muy motivadas por el deseo de venganza, tuvieron que cumplir durante el avance desde Puerto Príncipe la penosa tarea de dar sepultura a las decenas de cadáveres de sus compañeros caídos en las acciones de fuerte Molina y Cocal del Olimpo, lo cual puede contribuir a entender las razones de la extrema cautela con que Rodríguez de León se condujo, tanto durante el recorrido como en los primeros momentos del combate pues, iniciado este según lo previsto por Agramonte, hizo cambios en su orden combativo que impidieron cayese en la celada la caballería con lo cual fue su infantería la primera que entró al potrero. Se entabló de ese modo un combate de cierta envergadura – para nada una simple escaramuza – en el que se enfrentaron fuerzas de infantería y caballería de ambos bandos, aunque no precisamente como lo había planeado El Mayor.

Es difícil precisar con exactitud los movimientos del jefe camagüeyano quien, jinete en Ballestilla, seguía el desarrollo de las acciones moviéndose por su orden combativo mientras enviaba enlaces con instrucciones. En un momento dado, apreciando que estas se prolongaban más de lo conveniente, debió decidir ponerles fin. No tenía fuerzas para decidir la acción a favor de las armas independentistas, se imponía romper el contacto, para lo cual envió emisarios con las órdenes pertinentes.

Hasta aquí no hay mayores discrepancias entre las fuentes consultadas, es a partir de ese momento que comienzan las versiones como pudimos constatar quienes integramos el equipo interdisciplinario que entre 2005 y 2006, convocados por la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, realizamos el estudio de esta acción que sería publicado por la Editorial de Ciencias Sociales bajo el título de Ignacio Agramonte y el combate de Jimaguayú cuya consulta recomiendo a quienes deseen información pormenorizada. No es sorprendente que así sea: son los instantes que precedieron directamente a su muerte ¿Por qué? Cintio Vitier, refiriéndose a la de José Martí lo explicaría: “quizás porque no podemos asumir su muerte, en los últimos minutos de su vida se invisibiliza para la narración histórica”. [1]

El análisis de las fuentes sustenta la idea de que para favorecer la maniobra de salida del combate de sus tropas – en primer lugar de la caballería -, El Mayor intentase asestar una carga sorpresiva contra un flanco de la infantería enemiga, acompañado por un corto número de jinetes. Varios testimonios de cubanos atestiguan esta carga y el parte de Rodríguez de León describe una, por el centro de su dispositivo. Encabezar cargas al machete, seguido por escasos jinetes, no era algo inusual en el héroe camagüeyano; pero en esta ocasión el azar se le iba enredando, poderoso, invencible y fue alcanzado por uno de los muchos disparos de la descarga, que a corta distancia, hicieron tiradores de una compañía enemiga ocultos en un cayo de hierba de guinea. Un proyectil lo alcanzó en la sien derecha, le salió por el parietal izquierdo y le causó la muerte de modo instantáneo: una trayectoria que solo puede seguir un disparo hecho desde un plano ligeramente inferior y en un punto algo por delante de la víctima.

Terrible certeza la de su muerte, pero ella forma parte de las posibilidades de cada combate. ¿Puede afirmarse entonces, que Agramonte murió porque abandonó su puesto de general para ocupar el de soldado, dejándose llevar por su impetuoso brío de guerrero? En modo alguno. Por norma hecha tradición, los jefes y oficiales cubanos no presenciaban los combates desde una segura distancia, sino que marchaban en la primera línea, a la cabeza de las cargas al machete y ese es el ejemplo que nos hace invencibles.

Origen: La muerte de El Mayor: ¿causas y azares? | Cubadebate